Al cierre Rodrigo Pardo
Democracia en riesgo
La segunda reelección convirtió al proceso electoral de 2010 en una prueba difícil para la estabilidad institucional.
El debate suscitado por la posibilidad de aplazar las elecciones para que se apruebe la reforma constitucional que le permite a Álvaro Uribe volver a ser candidato es absurdo por sus nefastos efectos institucionales, irreal porque nadie lo ha propuesto en serio y los que quisieran no se atreven, e inocuo porque entre la segunda vuelta presidencial, prevista para el 20 de junio, y la posesión del presidente el 7 de agosto, solo hay mes y medio, tiempo que a estas alturas no parece suficiente para garantizar la finalización del trámite.
Pero el solo hecho de que exista debate es muy ilustrativo de los límites a los que está llegando el apetito del presidente Uribe por perpetuarse en el poder. El calendario del referendo está tan apretado y el tiempo es tan breve, que el costo de la segunda reelección ha ido aumentando día a día. Que a mediados de enero no se sepa cuáles son las reglas de juego debería ser suficiente para que el Presidente desistiera de su candidatura. Pero no lo ha hecho ni lo va a hacer y por esa razón el proceso electoral de este 2010 se convierte en una verdadera prueba de fuego para la democracia.
En primer lugar, por la incertidumbre. La claridad en las normas es una condición indispensable para la competencia democrática porque es la base del consenso, del acatamiento de los resultados por parte de los perdedores, y la garantía de que las elecciones tramiten en paz el conflicto por el poder. La confusión conduce a la ilegitimidad.
No menos grave es la falta de garantías. El fantasma de la tercera candidatura presidencial impide el ejercicio de la política por parte de otros aspirantes y no solo de la oposición sino también de los uribistas. Las entrevistas del Presidente desde El Ubérrimo o desde la Casa de Nariño, tienen más audiencia que los actos de campaña de los demás aspirantes. Los empresarios no hacen donaciones porque piensan que pierden la plata que entreguen para financiar campañas que, si hay reelección, serán irrelevantes. Y ni siquiera se sabe cuáles son las garantías formales, pues la ley aprobada en 2005 partía de la base de que seis meses antes de las elecciones —fecha ya superada—, el Presidente anunciaba su intención de ser candidato. Las tribulaciones presidenciales están debilitando el pluralismo político.
La separación de poderes, columna vertebral de las democracias, también podría ser otra damnificada de este 2010 incipiente y decisivo. Que la Corte Constitucional actúe —o parezca actuar— como ente de bolsillo del Ejecutivo golpearía los cimientos de la Constitución. Su fallo, favorable o contrario al referendo, tiene que tener argumentos contundentes y satisfactorios. La prisa podría ser muy mala consejera.
También estará en juego el sistema de partidos. La necesidad que tiene el proyecto reeleccionista de mantener en su redil los votos de fuerzas uribistas que fueron arrasadas por la ‘parapolítica’ (Alas, Convergencia Ciudadana, Colombia Democrática…) ha fomentado la generación de nuevos ‘partidos’ —PIN, ADN, DMG— liderados por parientes de los congresistas vinculados a procesos judiciales. Desde ya son previsibles sus consecuencias sobre la credibilidad del Congreso y de los partidos, más aún cuando los tradicionales —Liberal y Conservador— y los ‘nuevos’ —Cambio Radical y La U— están mostrando con sus entregas de avales, que amarrar los votos es más importante que cualquier consideración ética. ¿Qué tipo de Congreso será elegido el 14 de marzo?
Los riesgos son muy grandes. Podrían superarse, y hasta convertirse en elementos de mayor fortaleza democrática, si la Corte tumba el referendo o si el Presidente desiste de su obsesión por la reelección. Pero sus críticas sin fundamento a The Economist, El País y otros medios internacionales que con distancia y seriedad han alertado sobre los peligros de la reelección, no le dejan mucho campo al optimismo. Más bien, demuestran que las tribulaciones del alma están resueltas hace rato.
Rodrigo Pardo
jueves, 14 de enero de 2010
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